2/2/11

Nota al pie de página

Encontrada en Structure and Interpretation of Computer Programs (Nota 47):


Numbers that fool the Fermat test are called Carmichael numbers, and little is known about them other than they are extremely rare. There are 255 Carmichael numbers below 100,000,000. The smallest few are 561, 1105, 1729, 2465, 2821 and 6601. In testing primality of very large numbers chosen at random, the chance of stumbling upon a value that fools the Fermat test is less than the chance that cosmic radiation will cause the computer to make an error in carrying out a "correct" algorithm. Considering an algorithm to be inadequate for the first reason but not for the second illustrates the difference between mathematics and engineering.

27/10/10

Unos versitos




Conocerte como te conozco,
Quererte como te quiero:
Con la piel, con los ojos, con los dedos;
Con el miedo de los años;
Con el calor de los sueños;
Con la vida que crece y se escapa de la boca.
Quererte con el futuro:
Con la alianza del tiempo;
Con la sombra incansable;
Con la noche que se cierne.
Amarte sin miedo al amor:
Amarte aunque vaya a partir
…Aunque la marcha me parta.
Hace falta valor para amar
cuando se nace para morir

24/5/10

De las mañanas (Para Alfonso)


Sé que el manto rosa del alba
no pasa de largo ante tus ojos;
se enreda en tus pestañas,
y por las mejillas gastadas,
se derrama hasta tu boca.

Y si los colores pudieron ser dulces en algún modo,
fue entonces cuando lo fueron;
entonces fue, es ahora, y es alimento en todos estos dias nuestros,
alimento para el camino,
sabor para el invierno.

4/5/10

La Casita de Carne (Final)


...Al tercer día el hedor de hizo insoportable. La carne muerta no estaba aguantando tan bien como él había previsto.Quizás si lo hubiera intentado en invierno o en otoño...

Avergonzado por su falta de previsión, y cansado de compartir su cuartito con pupas, larvas y moscas, salió de su pequeño palacio, de su sueño de paz. Desnudo y lleno de coágulos caminó ladera abajo hasta su furgoneta. Casi lloraba por tener que volver al mundo de los humanos; por fracasar en su intento de convertirse en ogro y llevar una vida tranquila, lejos de los verdaderos devoradores.

Ya casi podia divisar, tras la última curva, su vehículo y aunque solo habían pasado veinte minutos desde que abandonara la casita de carne, ya recordaba con nostalgia, como algo remoto e inalcanzable, los días en los que se comia la pared cuando tenía hambre. Añoraba tambien, quizás lo que más, como el sol traslucia las paredes rosadas y abria sus párpados con dulzura, sin alarma.

Todo eso se acabó.

Tras lavar su cara y sus manos en el rio, se puso un chandal, se subió a la furgoneta y condujo de de vuelta a Santander. La autovia, con su tráfico rápido, alocado, casi le producia tanta aversión como la podredumbre. A punto de entrar en la ciudad, se desvió en una salida y aparcó la furgoneta en el mismo arcén. Cristobal sin soltar las manos del volante, comenzó a temblar, volcó todo su cuerpo sobre el salpicadero y rompió a llorar, desde el fondo, como ramas que crujen, como huesos que se quiebran. Desgarrado como nunca, o simplemente dandose cuenta de su eterno desgarro, entendió que era humano pero que no soportaba lo que implicaba ser humano, las normas que sus prójimos aceptaban o parecian aceptar sin esfuerzo. Silencio y llanto.Motores amortiguados por cristales. Silencio. Llanto. Pensó en la nada.Pensó en la muerte.Pensó en la nada.

Pensó, y decidio, frio, enterrar su conflicto como quien con facilidad olvida una pesadilla al despertar. Volvió a su cómodo pisito de Valdenoja y a su comunidad de vecinos. Mintiendo un poco más, solo un poquito más. Mintiendo sobre lo bien que lo había pasado caminando por el monte Jiniro durante aquellos tres o cuatro días de principios de verano.

FIN.

27/4/10

La Casita de Carne (III)


Así que aquella tarde comenzó a deshollar los animales. Separó la carne de los huesos con el cuidado y la habilidad que su entrenamiento como cirujano ortopédico le había otorgado. En una bañera, virtio cal, y fue colocando los huesos, para que quedaran aun más limpios.

Dispuso como pudo fémures y húmeros a modo de columnas y sobre ellos desplegó, abiertos como pétalos, arcos costales. El edificio avanzaba, crecia, se transformaba y Cristobal, cubierto de sangre y coagulos negros, sonreia en su loca empresa. Nadie le podria entender. Nadie le importaba.

Las escápulas completaron el tejado. Cortando finos filetes, primoroso, tendio la techumbre y extendio las paredes. De las visceras y de otra casqueria se deshizo dejando que las aguas del rio arrastraran los tejidos hasta el fondo del profundo Atlántico.

La noche llegó, y él ya tenia su lecho de carne bajo su carne, su techo de carne sobre su carne.Todo era carne y huesos.Pronto comenzaria su leyenda, y mientras esperaba el mito llegar, se recostaba sobre la carne, ya caliente, y masticaba un pequeño trozo de pared.

...Y llegó el sueño, y el sueño fue mucho más imposible que la realidad. En el sueño amaba y no tenia que volver a un caparazón de carne donde estar tranquilo.Amaba y era amado sin violencia...

22/4/10

la casita de carne (II)

...Mientras conducia su furgón, pensaba, excitado, como ensamblaria los huesos largos, vaciando su médula, atornillandolos con esmero. Las paredes serian de pectorales y psoas, el techo de diafragma. Su sueño más salvaje se había desatado, y ya no queria saber de amores ni palabras, tan solo de huesos y carne, que el comeria cuando tuviera hambre, y repondria cuando fuera preciso.

Ya se imaginaba féliz en su montaña, en la casita con escaleras forradas de falda y en una cama con almohada de entrecot, cuando, en la carretera que asciende desde Villacarriedo a Abionzo, un inesperado control le obligó a parar un momento...Su corazón se subió hasta la boca, estaba muy nervioso:¿Y si le metian a un manicomio?¿Y si nadie comprendia su fantástica idea?De súbito, reconoció a Emilio vestido de guardia civil...

-¡Coño, Cristobal, cuánto tiempo!Hace mucho que no vienes por el pueblo.

-Sí...

-Ah, y mira, llevas una de esas vacas con asas- comentó Emilio mientras introducia su cabeza por la ventanilla delantera con una familiaridad que incomodó a Cristobal.-Qué cosas, todavía me acuerdo de cuando las vacas andaban por los praos.-Prosiguió el campechano guardia civil.

Cristobal agarraba tenso el volante con las dos manos, y una gota de sudor apareció en su sien...El encontronazo con lo que algunos definirian un amigo de la infancia se estaba haciendo eterno.Decidió que tenia que cortar rápido aquello si no queria complicaciones:

-Bueno Emilio, si no necesitas nada más, me marcho, que se me pone la carne mala-Interrumpió secamente Cristobal.

-Vale, vale¡ A ver si te pasas por el bar un día de estos!¡Hasta luego!

Por fin, a eso de las once de la mañana llego a la finca de su familia. Nunca iba nadie, así que estaba casi seguro de que podria vivir en la carne, sobre la tierra, sin que nadie le molestara: Colgandose de travesaños de carbonato cálcico, sacando los brazos por entre rejas de femur. Sería un ogro, un diablo, un humano fuera de lo humano...Se dejaba llevar por la locura como arena en la galerna.No quería volver, ya tan cansado como estaba de los otros.Pensaba que con su armadura de carne y misantropia se encontraria a salvo...

11/4/10

La casita de carne (I)


Una vida pobre o una vida rica... Hubo una vez un hombre que decidió encerrarse en una celda de carne y huesos. Una soleada tarde, durante los calores primeros de Junio, decidió que una nueva etapa de su vida comenzaba.

A la mañana siguiente se dirigió, muy temprano, al matadero municipal.Nunca había estado allí, así que perdió un poco de tiempo callejeando por el polígono industrial donde el matadero se encontraba, confundido con talleres mecánicos y almacenes de telas. Finalmente lo encontró. Franqueó la puerta y se dirigio al primer hombre que vió:

- Buenos días. Quiero comprar dos vacas muertas- Dijo el hombre.

-¿Desea alguna raza en especial?-Contestó el empleado del matadero.

- No, unicamente quisiera que tuvieran buenos huesos...ya sabe,con mucha médula.

- ¿Así que van a hacer un caldo para las fiestas de San Pedro?

- Sí, más o menos- Le siguió la corriente, pues tenia miedo de que si se desvelaba su propósito, no le vendieran las vacas.

- Pues creo que tenemos justo lo que desea...

El matarife invitó a Cristobal a que lo siguiera a través de un pasillo frio, blanco y aséptico. Ni rastro de sangre, solo fluorescentes zumbando. Abrió una puerta mientras explicaba orgulloso:

- Ahora, con los avances en biotecnología, ni siquiera tenemos que matar a las vacas; programamos su muerte para una fecha concreta y fallecen sin estrés ninguno. El resultado: Una carne de primerisima calidad- contaba orgulloso el matarife, relamiendose disimuladamente el labio superior.Era pulcro y eficiente, casí parecia un mancebo de farmacia; tan solo sus peludos y fuertes antebrazos quedaban como vestigio de un pasado distinto.

-¡Pero no se quedé ahí parado hombre! -prosiguió el empleado.-Las del 26 de Junio estan a punto de morir¡Mire, mire!¡Qué rigor!¡Es qué no me canso de verlo!

Cristobal no pudo evitar sobresaltarse y lanzar un gritito involuntariamente afeminado que de inmediato disimuló con un carraspeo.

El matarife, sin alterarse lo más mínimo por aquella muerte silenciosa prosiguio con la venta:

-Además, ahora las vacas vienen con unas asas la mar de prácticas, y si lo prefiere, le puedo ofrecer, por un precio menor, un par de ejemplares sin patas, que total luego casi nadie las aprovecha. Es un modelo que está teniendo un gran éxito de ventas.

- No,deje. Muchas gracias. Me llevaré estas dos.

El matarife llevó las dos vacas hasta el furgón de Cristobal y le ayudó a cargarlas.

-Y llevelas rápido a la camara frigorífica¡No querrá arruinar su guiso!

-¡Sí claro!- Mintió Cristobal


...Continuará.