21/2/10

Para Ein y EigenPersona

Hoy no he podido aparcar donde yo queria; así que tras media hora dando vueltas he decidido buscar un plan alternativo.Finalmente he encontrado espacio, aunque pagando, delante de la Almudena. Es uno de febrero y yo me estoy bañando en el sol del invierno, que entra gordo y fuerte por la cristalera inmensa de una cafeteria de la calle Segovia.

La cafeteria la regenta una señora; una de esas señoras que, antes de entrar en la recta final, toman la última curva con elegancia. La he pedido un café con leche, que como ya sabeis,en Madrid siempre va en un vasito alargado.Ahora mismo, sobre la mesa de granito, estoy yo, sintiendo el cada vez mayor peso del sol.

En la misma mesa, el vasito proyecta una sombra larga y absolutamente perpendicular, de mediodía. Por cierto, el vaso, ante el calor, se comporta con unas maneras mucho más elegantes que las mias:No suda.

Y una digresión más...o no tanta: Dice Thomas Mann en La Montaña Mágica, entre otras muchas cosas, que quien espera, considera el tiempo como un obstáculo, y no como un don. Yo tambien creo que es un regalo, y que debe ser aprovechado como muestra de gratitud.

Por eso hoy, que hará más o menos unos tres años que Ein y EigenPersona me invitaron a entrar en este espacio, quiero darles las gracias.Porque con aquel gesto, y con muchos otros que hoy no corresponde enumerar, me ayudaron y me ayudan a convertir el tiempo que corre en un gozo.

13/2/10

Un regalo desde la pérfida Albion

... de la mano de Zhen Shidow:

¡Instant Code Breaking Puzzles!

Por ejemplo:


A chinese visitor to America is having problems deciphering his travel instructions.

Can you help him?:
TEMEH THLIS EAEIL TGTMS EOAIO 1SFSOT 2WTSN

21/1/10

Este lado de la camilla (una historia iberoamericana)


La tarde estaba siendo lenta, viscosa, farragosa, como un bote de gel de ducha que se abre en medio de la mochila. Humberto no tenía nada que hacer, salvo esperar que ellos llegaran, y esa tensa espera impedía que pudiera hacer cualquier cosa útil con su tiempo. Era incapaz de concentrarse cuando estaba en medio de aquellas interminables guardias y a menudo solo podía emplear su tiempo en maldecir aquella incapacidad, sobre todo teniendo en cuenta que le esperaba una vida llena de días así: Para ser más exactos, unos cincuenta días al año, lo cual multiplicado por treinta años, venía a significar 1500 días. Cuatro años encerrado entre aquellas paredes; cuatro años viendo la muerte protegido por una bata blanca; cuatro años de ropa etiquetada con su nombre; cuatro años administrando un conocimiento adquirido y pulido durante décadas. Intentando evitar, posponer, paliar, conocer algo sobre la vida, la muerte y sus interfases. Y Viviendo la misma muerte, sin distancia, sin armadura, cuando no tiene esa bata…Una vida casi entera le queda por delante.

Eso suponiendo que no le ocurriera como a su amigo Alberto y el sueño de trabajo y prosperidad quedara súbita y ridículamente truncado. Aun no podía dejar de pensar en todo aquello, por más que hubieran pasado ya un par de años.

¿Qué milagros esperaban al otro lado del continente, más allá de los Andes y del Potosí, al otro lado de un océano que nunca fue el suyo? Qué tan bueno se suponía que era cambiar el país propio por uno lejano aunque no tan ajeno. Qué tan bueno, para acabar sufriendo una interrupción súbita de la vida, más propia John Bonham que de un licenciado en medicina vivaracho y parrandero.

Cada día, cuando Humberto iba para el trabajo caminando bajo los madroños, cuando distraído entre los semáforos y el sueño era asaltado por la memoria, pensaba en aquello, en lo fácil que podía ser que hubiera sido él quien se hubiera atragantado después de aquella copiosa comida con un representante farmaceútico. Y que solo por ese azar, nunca hubiera llegado a estar sentado frente al examen de acceso para la plaza de médico interno residente. Pensaba En lo fácil que hubiese sido que el pupitre vacio que quedó detrás de su respaldo no hubiera sido el de Alberto Ortiz, si no que Alberto hubiera tenido un hueco delante de su mesa, y que Alberto hubiera tenido que realizar las 260 preguntas del exámen intentando no levantar la cabeza.

En cambio fue él, Humberto Ortega, quien tuvo que sostener la concentración y tragar lágrimas por la garganta para no mirar atrás durante las tres horas de prueba, mientras las hojas inertes con el nombre impreso de Alberto Ortiz en la parte superior, abandonadas, observaban casi vivas su espalda. Algunos se preguntaban para distraerse de sus propios nervios, porque esa silla estaba libre. Solo Humberto sabia que era porque la muerte se lo había llevado, y aquello era demasiado íntimo para compartirlo con los otros aspirantes.

Ahora , aquel chico valiente y entusiasta que no escatimó ni soles ni euros en llamadas telefónicas para convencer a Humberto y a su padre de que en España le esperaba una vida mejor,no estaría allí para compartir los pequeños triunfos que se iban acumulando como monedas en la hucha lejana de la infancia. Solo quedaba un niño pequeño nacido español con un padre muerto cuyo nombre llevaba y una madre joven y viuda cuyas lágrimas enjugaban pañuelos casi extraños.

Y no está mal Humberto aquí, pero la vida antes, no por estar en un lugar o en otro, si no porque el tiempo se sucede con los inevitables accidentes, la vida antes era más sencilla, menos irónica, no planteaba retos crueles y estocásticos. No te obligaba a seguir. Simplemente estabas allí tranquilo, viviendo cosas sencillas, con poco dinero y pocas ambiciones; con poco futuro y la misma y exacta cantidad de presente que ahora.

Era más sencilla antes sí, porque durante los últimos episodios de su vida, todo tenía un significado profundo, abismal, revelador. Todo se había vuelto monstruosamente elocuente: Desde los cuatro meses que el cadáver de Alberto tuvo que esperar para regresar al Perú, hasta el hecho de que Humberto tuviera que sacar el cuerpo congelado de su amigo del contenedor español porque los contendores de cadáveres que enviaron de Perú eran más pequeños, y de otro modo el transporte no hubiera sido posible. Era un muerto con su propio purgatorio instalado en tierra ibérica. La distancia se convertía en tiempo robado a la familia y a los amigos. Incluso después de la muerte.

En la modorra de la tarde, a la espera de un nuevo paciente, todo aquello le venia a la mente, y pasarían muchos años antes de que pudiera olvidar y hacer de aquellas largas pausas entre procedimiento y procedimiento algo provechoso, pues la memoria de quien él podía haber sido lo visitaba con frecuencia, sin piedad.

Así que mientras la memoria del difunto se disipa como la niebla con el calor creciente del sol que nace, Humberto hace el trabajo bien, con cariño, intentando con la paciencia de un artesano vencer los prejuicios que sobre su piel morena y su acento dulce y lento aun pesan. Devolviendo inconsciente el legado inmenso de una historia de pueblos entreverados. Trayendo la memoria viva de un continente en sus manos y sus labios. Trayendo la memoria pero sin revelar cuan duro ha sido llegar hasta este lado de la camilla.

2/1/10

Aina, Nueva Vulcano y los trozos de vida.


Junio del 2002: Aina tocan en el Woodstock de la calle San Luis, en Santander.Es el cumple de Roberto, pero no está; se ha ido a Texas, así que lo grabamos en un videocassete, conseguimos que toda la banda le felicite y se lo mandamos.Ese mismo día conozco a Howard,tan risueño como de costumbre, y tambien sale en el video, aunque yo le llamo Hermes- probablemente por su porte mitológico.

Junio del 2003: Aina tocan en el Centro Andaluz de Torrelavega. Verano nuboso y concierto en el que se puede intuir la disolución de la banda. Vuelvo, volvemos, a hablar con Artur Estrada.Cordial, como es él, pero con gesto preocupado. Cinco dias despues, Aina se separan.

Mayo del 2006??:Yo creo que internet se equivoca.Yo diria que es allá por el 2004 o incluso finales del 2003. Aina hacen una gira de despedida, para hacer las cosas como las hacen ellos, en condiciones y celebrando.Punk Rock.En Liérganes, allí aparecemos Bosi, Álvaro y yo.Y hablamos con ellos, y les felicitamos por hoy y por los días pasados, y nos hacemos fotos...Y se nos queda grabado en la memoria.

Algún momento del 2006: Suances. Primer disco de Nueva Vulcano. Bea, Carlos, Bosi y yo estamos allí, curiosos pero seguros de que habrá buenos decibelios. Artur bromea con un libro de terapia sexual que tenia Bea.Ella se pone "colorá". Probablemente, si no lo habiamos hecho aun, nos compramos Principal Primera. Más palique con Artur...

Febrero 2008: Me vengo volando de Fuerteventura para estar con María y Bosi, y de paso, nos vamos los tres al concierto de Nueva Vulcano en Bilbo. Nos lo cambian de sitio.Nos lleva el coche la grua.Nos perdemos por el barrio chino.Al final, por carretera y tambien por railes, conseguimos verlos en el cuarto piso de una especie de almacén ocupado. Se lo contamos a Artur. Descubrimos a Marc.Juego Entrópico.Por cierto, a la vuelta me quedo atrapado con Eros Ramazzoti en el coche de mi hermano.

Noviembre 2009:Inés y yo llevamos la furgo de Móstoles a Bilbao.María y Bosi estan sentados a la entrada del Balcón de la Lola, sonriendo.No importaron los vientos de 120 km/hora en la cornisa.Era viento del sur.La bendición del otoño. Nos abrazamos y nos dejamos envolver por la energia¿El mejor de estos seis conciertos?Puede ser. Ya nos planteamos si Artur nos conocerá, pero aunque hablamos con el como en cada concierto, nos da corte preguntarselo.Es posible, pensamos, porque nos dice que nos ha visto ahí, en la esquina.Estabamos ahí, efectivamente.

Y por eso a los que nos gusta, nos gusta tanto.

2/01/2010


Conduzco hacía el oeste huyendo del nuevo día que viene. Atrás queda el parto anaranjado entre un manto aun denso de nubes, que el calor irá disolviendo con el progresivo ascenso del sol. Conducir hacía el oeste es, insisto, una huida desesperada, que inevitablemente termina en fracaso. Se pisa el acelerador esperando que la noche continue sirviendo de cobijo y uno no tenga que enfrentarse a demasiados problemas...

...Aunque, en realidad, nunca me han dado mucho miedo los problemas: Por delante queda un sábado de trabajo, que yo espero convertir en una jornada de servicio al prójimo; una oportunidad para ofrecer un poco de apoyo y un poco de esperanza a quien lo necesite, a quien decida entrar por la puerta de este humilde centro.Ayudar a comprender hasta donde yo comprendo, y ser claro, no ser críptico, no esconderme en las palabras.

Tengo un privilegio y un deber, como todo aquel que desempeña una profesión que considera valiosa y de la cual disfruta, aunque tenga que madrugar y trabajar un sábado.

Aquí llegan los que se han levantado y de súbito han vuelto a caer.Tambien acuden los que de una manera extraña, imprevista, han perdido cierto sentido de la realidad: bien para extraer provecho de ella, bien para, en los casos más graves, entenderla y sentirla como ligada a si mismos. Son solo estas unas lineas que empleo para expresar de una manera breve, visceral y no muy elaborada lo que siento ante mi posición respecto a lo que se llama locura, tambien por supuesto ante lo que se llama cordura.

Y todos tenemos una posición respecto a esto.

9/12/09

9 de Diciembre. 17.55


-A quién le interesa la realidad cuando existe el amor. La realidad nunca existió: ni un solo segundo pasó de ella en la cual nuestros sentidos no la corrompieran y no la moldearan a su antojo. Mientras tanto, el amor golpeaba incansable las puertas de nuestro pecho, allá en el centro, donde confluyen las parejas de costillas, sobre el esternón. Esternón que es remedo de cefalotórax de insecto antediluviano…

…la realidad fue siempre una patraña torpe, mientras que lo otro, eso que llamamos amor, estaba fuera, sin nombre, humilde pero inmenso; esperando a ser descubierto, invisible pero imparable, como viento del sur. Todo el mundo, dicen, es real mientras que el amor es algo secundario, dicen. Puedes conocerlo o no, y seguirás formando parte de lo real. Yo disiento: el amor es una condición previa de todo aquello que pudiera (con suerte) ser considerado alguna vez real.

¿Por qué no te callas ya y me besas?

Quien puede negar que, entre tú y yo, cuando estamos juntos surge una energía que no existe cuando estamos separados.

Bésame o márchate.




De la boca, la palabra o el beso. Elijo el beso.

21/11/09

Emociones en cajones


Estalló bajo mis ojos como una bomba de recuerdos. El cajón apenas podía abrirse de lo lleno que estaba. Una mudanza terminaba y los que serian residuos mañana, iban a expulsar a los residuos de ayer.

El cajón de cerezo empezó a mostrarme los restos que albergaba de mi: las imágenes de las personas a las que abrazaba, que siempre han sido muchas; los atardeceres dorados en el pedacito de césped que había a la entrada de la facultad; también en el cajón había dos martillos de reflejos con su cabeza de goma rosa, una postal de Sergio y varios mecheros que habían perdido todo el gas. Encontré además una entrada de un concierto de Wilco en Vitoria, de cuando Inés y yo comenzamos nuestra historia y el miedo y el amor por José María estaban más presentes de lo que están ahora. Los negativos de la vieja Nikon estaban allí también, junto con las representaciones de muchos que ahora siguen, pero de otra manera: Roberto, Ana, Rubén, Carol, Sonia... Otros ni siquiera siguen. Son los nombres los que no me acompañan, pero son los que me han hecho, escribiendo sobre papel de colores historias que aunque ahora parecen mentira, fueron todo lo reales que un humano es capaz de concebir. No sé porque sufrí en el pasado, no me reconozco como aquel que lloraba en la mesa de la cocina junto a su madre. Algo en mí se templó, o se desprendió, o creció, y a puro golpe de verso, de verso propio y de verso de Pessoa y de Machado, también de Bretch y de Otero, dejé esa exuberancia descontrolada. Desinfectado en la noche y el fuego, paseándome por el fondo de las cosas, encontré una cierta paz que llevo desde entonces a mi lado.

Estaba revuelto por dentro. Después de deshacerme de unos bastoncillos para los oídos, de un viejo mapa de Madrid de cuando no existía internet, de un billete de autobús finlandés y de alguna que otra reliquia de las anteriormente enumeradas, mis manos estaban llenas de polvo, y no dejaba de mirar el reloj para no perder el tren de las 14.05 a Madrid.

Gracias a mi padre no lo perdí, y pude darle un abrazo y un libro a Alfonso.