3/2/15

¿Recuerdas cuando eramos solo dos?
Ahora laberinto infinito,
Mapa mojado de recuerdos.
Apostaría la eternidad que no hay infierno,
Apostaría, por saber amar un poco mas en este trecho.
Se que voy a quedar, mas sin saber que quedo;
La vida es eterna, un instante los recuerdos.
Tu y yo juntos en la noche, pronto muertos
Derramado el sol de los días,
Nuestro corazón seco.
Magos malditos que jugaron todo el juego,
Hasta el final todo el juego
¿Recuerdas cuando eramos dos?

13/11/14

Mañanas

Poco más que carne y tiempo,
De agua, casi, transparente;
Y en el pozo de tus ojos, tiemblo
Ante el reflejo de lo antiguo que he sido;
De lo joven que seré, si sobrevivo.

12/5/14

...si no hubiera demasiado dolor,
sentiria la brisa como piel sobre piel,
como aliento en boca de beso.
Si no hubiera demasiado dolor
vida seria todo, vida y piedra:
no me importaria lo humano
me sabria nada, me sabria piedra;
me sabria que estoy perdido,
que no existo y que la piel es mentira,
que esta carrera es una ilusión.
Mientras no haya dolor
te enseñare a amar, que no eres nada.
Pero que no haya demasiado dolor, por favor.
que las células no me muerdan los dedos,
que me besen tus besos de araña,
de fuego que soy, de fuego que muero;
muero y sonrio al descender.

26/2/13

15

Se quedaron solos, no se supo como, pero se quedaron solos. En la madrugada de Enero, caminando por las callejuelas, ciudad de callejuelas casi siempre, escasas las avenidas, azaroso el trazado, empinado el camino. Se quedaron solos y cerca de la casa de uno de ellos decidieron entrar a un último bar antes de despedirse. El bar ya no existe, tenia nombre de ciudad yanqui, pero el lugar quedará tiempo. Tanto como memoria y cuerpo permitan.


No había nadie, a punto de cerrar. La luz era azulada, el camarero casi recogía los taburetes, no tenia mucho más que hacer. Ellos se sentaron junto a la barra, y hablaban y hablaban y todo se precipitaba: se aceleraba con los pulsos, con el latir, con las miradas, estando lejos se aceleraban para poder acercarse, para casi chocar. No sabían, solo se asomaban al precipicio pensando que había una barandilla que asir

No había barandilla.

4/1/13

14


El bar donde han quedado se llama Canela. Ella está con un amigo. Él entra por la puerta y no consigue verla entre la multitud. Ella hace señas con la mano y con su sonrisa.Por fin les localiza. Se saludan con mucha alegría. Él conoce a su acompañante, aunque muy poquito. Comienzan a hablar y se piden unas copas. Ella pide ron y él, como muchas veces hace, pide lo mismo que su acompañante. A veces es fácil y divertido tomar lo mismo.
Suena música española y algún clásico anglosajón. No es mala música considerando la zona en la que están, así que se encuentran muy a gusto. Después de una o dos copas, cambian de calle, hacia la zona del Carmen, que es la preferida de  él. Allí aparecen dos colegas del chico y se unen al grupo. Llevan tiempo sin verse y no son, digamos, amigos, pero se caen muy bien y resultan  simpáticos, así que los cinco juntos arremeten contra, al menos, un par de bares más.
 No se sabe con certeza, no hay registros fidedignos,  pero parece que los acompañantes se disuelven lentamente. 

13.1


Baja por las callejuelas empinadas, pensando en ella. El viento sigue viniendo del sur y templa la noche. Deben de ser más de las doce. Piensa en su mano.
Su mano. Cuando se habían encontrado ambas por primera vez, ya desde entonces, él había notado una cualidad especial en la de ella. Ya parece lejano el momento de aquel primer saludo, pero justo ahí, de forma rápida, oculta, inconsciente pero profunda como todo lo inconsciente, ahí ya la finura de su mano femenina le dejó una muesca grabada en el corazón.
Las manos de mujer por lo general son finas y suaves pero la de ella, le pareció a él, que portaba algo especial. Era en si misma un mensaje. 

23/10/12

13.




Llama a su amigo. Es viernes en la ciudad de la costa. Enero está suave, como ocurre a veces, y pasear en la noche precoz es muy agradable cuando no llueve: La brisa, ligeramente asurada,  entra desde el mar a través los jardines cercanos al embarcadero y recorre juguetona los callejones y soportales. La luz naranja de las farolas compite con el azul nocturno. El chico camina sin lastre, divertido, con ese hermoso e irreal sentimiento juvenil de control.

Piensa en ella. Hoy van a quedar un rato, bastante más tarde,  para ver que tal va todo en sus nuevos puestos de trabajo. Aun no saben a que hora: se llamaran por el móvil.

Mientras se aproxima el momento, irá a ver a su amigo. Aun vive con sus padres, aunque su padre nunca está. Va a subir a su casa: Su cuarto es acogedor y privado, y su madre no molesta casi nunca. Hablaran tranquilos y aspiraran el humo con calma. La habitación mira al sur, a la bahía, y a pesar de la noche la mar se intuye desde su ventana con un regular parpadeo de luces verdes y rojas rielando sobre la negrura insondable. La charla se desenrolla como una alfombra roja. El chico disfruta tanto de la presencia de su amigo, de las anécdotas rememoradas, de las observaciones complejas sobre cosas sencillas, de la confianza que naturalmente ha ido brotando entre ellos dos, que el tiempo vuela.

No se sabe quien llama a quien.

Un poco mareado se levanta: lleva un puntillo. Se despide de su amigo, con toda probabilidad hasta la mañana siguiente, y baja hacia una de las plazas de la zona. Muy contento...